"BARROTES"

(monólogo)

TEXTO.

Quizás le parezca haber llegado un poco tarde, pero no se preocupe; nunca va a ser demasiado tarde. debería presentarme quizás, pero no me parece necesario, después de todo a usted probablemente no le interesa la persona si primera ve unos barrotes, primero pensará en ellos, luego en la historia de quién está tras ellos, mi historia, lo obvio: cómo llegué aquí. Mi historia es lo que debería contar. Me parece haberla contado miles de veces o por lo menos haberla repasado en la mente tantas veces que creo haberla contado. Hasta este momento, hace pocos segundos, creía haberlo tenido todo tan ordenado y ahora, todas las sensaciones se vienen como de golpe y me cuesta empezar, pero bueno: se podría decir que fui una niña tranquila, demasiado introvertida quizás, tenía un gato, un lindo gato que, a mis 10 años, amaneció envenenado en el jardín, con las patas tiesas. No tuve que pensar demasiado para descubrir al culpable. Claro, quién más podría haber sido, la vecina, la vecina que sonreía así con una mueca malvada mientras yo miraba al pobre gato muerto. Nunca hasta ese día había odiado tanto a alguien, no la perdoné, luego vinieron otras personas, familia, pololo, compañeros, cada vez me dolían más las cosas y cada vez me costaba más olvidarlas.
No es muy fácil hablar de todo esto. No sé si tiene que ver con los barrotes, tampoco –aunque eso lo dejo para ustedes, a mí me da lo mismo. Y si fuera eso lo que digo, el gato muerto, y yo sin poder moverme, pendiente de la mirada de mi vecina en el patio
y si fuera eso, pero no es eso
o la mirada de otra gente inmovilizándome
y si al menos supiera qué hacer, y cómo llegué hasta aquí
al menos estos barrotes se pueden ver, no como los otros
es decir, podría limarlos para escaparme, o que alguien, alguna vez, me abriera la puerta, y así salir, pero no se puede salir, y nadie jamás vendrá a prestarme una herramienta para romperlos
pero yo al menos sé que existen, y que estoy encerrada
y antes, tal vez, yo no me daba cuenta de que iba armando una prisión despacio, con palabras y miradas y palabras, y palabras
y yo sé que ustedes se sienten tranquilos porque están libres, o les parece pueril odiar a alguien porque mató un gato una vez, hace tiempo
y quizá es sólo que no pueden ver los barrotes, precisamente porque los tienen tan cerca, encima: alguna vez tiene que haber pegado su cara a las jaulas del zoológico y haberse dado cuenta de que así, tan encima, no se ven los barrotes, es como si no estuvieran, pero cuando es como si no estuvieran, es precisamente que tenemos los dedos aferrados a ellos y que no podemos dar ni un solo paso hacia adelante
quizá es sólo que no puedes ver los barrotes.
FIN.