Una
vez tuve ganas de verlo, pero los colores de la ciudad me lo impedían.
Otra vez tuve muchas ganas de oírlo, pero la bulla allá afuera
me apoderaba, producía una revolución en mi interior y
eso era suficiente.
Pensé seguirlo -a Jesús- varias veces... pero no recuerdo
en qué momento tomé la mano de Lucero... Parecía
tan hermoso ¿Cómo podría dañarme tanta belleza?
Me ofrecía su música que me llenaba de fuerza, cuando eso
me cansaba me daba todo el polvo blanco que se me antojaba y cuando ya
nada me llenaba, me abrazaba de algún cuerpo de vidrio que al
principio era whisky y terminó siendo grapa.
-
Termina música, continúa sólo
voz e imagen-
Ahora vivo en la subterra, en la parte desconocida, ignorada. En donde
todos allá afuera prefieren que esto sea ficción o una
fábula religiosa –infierno-
Tampoco me acuerdo cómo llegué aquí, si fue por
la coca, la marihuana o el alcohol,...¿o sería por el odio?, ¿o
por mi estupidez de no creer?.. sí, sí.
Y estas cadenas, ¡ja! En la ciudad todos la tenemos, unos más
que otros, solo que allá no las vemos: ésta es la del vicio; ésta
de la mentira; este lazo de insensatez, este otro de la angustia. Él
pudo romperlas todas...Llegamos miles cada minuto aquí, en la
misma condición. por distintas razones, pero son las mismas cadenas,
los mismos lazos, las mismas angustias, el mismo vicio, la misma mentira,
la misma estupidez d no creer. Y lo peor es que aquí no hay colores
que me impiden verlo, solo brumas. No hay música que me impida
escucharlo, solo gritos de horror . Mi voz se hace eco que choca con
las paredes que se devuelve a golpearme.
Hoy, si lo seguiría sin pensarlo, pero me dijeron que aquí ya
no va a escucharme, porque de aquí ya no hay regreso
No hay regreso
No hay regresoooooo
-
Sale el personaje alterado, gritando la última frase.
FIN
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