el lugar más maravilloso. No tengo nada de valor ahí, pero es el hogar. El hogar es hermoso, pero especialmente el hogar del Señor. Estar en su casa es experimentar ese vínculo con él, en el cual, él es el amo de la casa, el que toma sobre si mismo el proveer para nosotros, el cuidarnos, consolarnos, y compartir su corazón con nosotros. 
Estar felizmente en casa con el Señor también significa estar deseoso de complacerlo y de hacer lo que él desea. Juan 14:23 dice: "El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él." David nos recuerda que siempre es seguro confiar en el Señor. A veces pensamos que si tenemos demasiada buena disposición, alguien se va a aprovechar de nosotros, pero Jesús no lo hace. Su morada es un lugar de aceptación. Haga lo que haga, seguiré siendo amado y aceptado. David decía que su deseo era buscar a Dios en su templo. ¡Que actitud para aprender tenía David! Quería descubrir todo lo que pudiera de Dios. C. H. Spurgeon dijo que nuestras visitas a la casa de Dios deberían ser "sesiones de investigación" en las que "indagamos en cuanto a la voluntad de Dios y como podemos llevarla a cabo". Parece que a menudo preguntamos por su voluntad, pero no preguntamos cómo deberíamos hacerlo. Jesús dijo, "vengan a mí, aprendan de mí, yo les daré descanso" (Mateo 11:28-29). ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos? ¿Es Jesús el objeto de nuestra actividad? ¿Estamos desarrollando un corazón por una persona- el Señor? ¿Estamos adquiriendo conocimiento de una persona- el Señor? ¿Estamos obedeciendo a una persona- el Señor?. Jesús dijo a Marta, "te preocupas y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una es necesaria" (Lucas 10:41-42). María reconoció esa única cosa: sentarse a los pies de Jesús, aprender de él, disfrutar de su compañía. Si esto no está ahí- poner a Cristo primero- la vida se ve tremendamente afectada. Nuestras buenas obras, nuestro buen servicio, puede caerse a pedazos si no tenemos a Cristo en el centro de nuestros corazones y deseos. El es nuestra vida.Seamos hombres y mujeres caracterizados por prioridades claras- que invierten sus vidas primero que todo en conocer a Dios. En medio de todas nuestras actividades y las muchas exigencias, entendamos que nuestra relación con el Dios eterno determina quienes realmente somos. |