UNIDO A DIOS Esa palabra es qavah, y significa amarrar, enrollar. Se refiere al proceso de hacer una cuerda, o soga. En los días de Isaías, la gente hacía cuerdas al tomar una hebra de género y enroscarla alrededor de muchas otras hebras. Cuando traigo los dolores de la vida al Señor en oración, me imagino que en una mano tengo mis sufrimientos y mis necesidades. En la otra mano tengo promesas específicas de Dios. En oración, mi mano de promesas abraza mi mano de dolor y necesidad. Esto me une a Dios, creando esperanza y confianza en su cuidado. Parafraseando a Isaías, “Aquellos que esperan (qavah) en el Señor al envolver una mano de necesidad en una mano de promesa renovarán sus fuerzas”. FORTALECIENDO LA CUERDA En ocasiones, sin embargo, mi dolor reaparece, y me doy cuenta que necesito algo para hacer mi “cuerda de esperanza” aún más fuerte. Necesito trenzar más hebras.Una forma en que puedo hacer esto es buscando versos adicionales que tengan que ver con mi necesidad. Eso fortalece mi mano de promesas, ayudándole a sostener más firmemente a mi mano llena de dolor y ansiedad.Otra manera de hacer mi cuerda de esperanza más fuerte es a través de las oraciones y el amor concreto de hermanos cristianos. Como dice Eclesiastés, “Cordón de tres hilos no se rompe fácilmente”. EL TERCER HILO Este invierno, dos días antes de comenzar un nuevo trabajo como profesora, mi esposo experimentó un adormecimiento, tanto en su pie como en su mano derecha, además de en su boca. Una semana en el hospital estabilizó su condición pero nos dejó con un pronóstico incierto en cuanto a su completa recuperación. Después de algunos días de vida familiar con Mark, viajes de ida y de vuelta al hospital, y ajustes a mi nuevo trabajo, yo necesitaba renovar mis fuerzas. Mi mano de necesidad estaba abarrotada de preguntas: ¿Mark recobrará el uso total de su lado derecho? ¿Por qué los doctores no pueden establecer la causa el problema? ¿Podremos cubrir los gastos? Aún cuando el Espíritu Santo traía a mi mente promesas de Dios como “Echa toda tu ansiedad sobre él, porque él cuida de ti” (1 Pedro 5:7), mi mano de necesidades todavía luchaba- incapaz de descansar junto a mi mano de promesas. En vez de volar alto en el Espíritu me encontraba dando aletazos en la carne. Es ahí cuando el Señor gentilmente proveyó de un tercer hilo alrededor de mis manos de oración. Amigos de la iglesia, así como otras personas que ni siquiera conocíamos, traían comidas. Diariamente recibíamos tarjetas y llamadas telefónicas de personas que estaban orando por nosotros. Nuestro cordón de fe de dos cuerdas se hizo mas fuerte por la fe activa de hermanos cristianos. Es duro confiar en Dios cuando estamos sufriendo. Dios no nos pide negar o menospreciar nuestro dolor. Sin embargo, a medida que nos tomamos de la Palabra de Dios, recibimos aliento de otros cristianos, y nos aferramos a Dios en oración, nuestra cuerda de esperanza se hará más fuerte. Encontraremos confianza renovada que nos ayude a elevarnos sobre las alas de las águilas. Descubriremos qavah. |